Aeropuerto de Maiquetia

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Click - Playas en la Guaira

lunes, 6 de diciembre de 2010

Zonas Turisticas

LUGARES A VISITAR
En La Guaira se encuentra el Museo Fundación Boulton, en una casa colonial de pisos construidos con piedras traídas de Escocia.
Está también la zona colonial donde se encuentra la Casa Guipuzcoana, y un poco más allá, el Fuerte La Pólvora y el Castillo de San Carlos.
En Caraballeda está el Paseo José María Vargas, el balneario Caraballeda y la playa del Hotel Sheraton.
En Los Caracas se encuentra el balneario del mismo nombre y una carretera que conduce hacia Higuerote. Por esa vía se accede a los pueblos costeros de Osma, Oritapo, Todasana, La Sabana, Caruao y Chuspa. Además se encuentra Los Cinco Chorros, unas caídas de agua con pozas, de las cuales la más conocida es el Pozo del Cura.
En Macuto se hallan los balnearios Macuto y Camurí Chico, así como el Museo Reverón. En Naiquatá está Playa Los ángeles y el balneario Naiquatá.

PARQUES NACIONALES
En su territorio se incluyen sectores del Parque Nacional El Ávila y las zonas protectoras del Litoral Central con una franja de 80 m a lo largo de la costa.

COMPAÑÍA GUIPUZCOANA
La constitución de la Compañía Guipuzcoana comenzó a fraguarse desde principios de la tercera década del siglo XVIII. Sirvió como fundamento económico para la promoción de la empresa el informe presentado por Pedro José de Olavarriaga, quien estuvo en Caracas en los años de 1720 y 1721 en ejercicio de su función como juez de comisos, documento en el cual hizo una descripción del estado de la gobernación, su producción y comercio con España y México, y con otros dominios españoles y extranjeros en América.
El consumo de cacao en España se había generalizado y constituía materia de primera necesidad, pero los conflictos bélicos en que a menudo se vio comprometida la metrópoli, interrumpieron a veces casi absolutamente el aprovisionamiento del grano procedente de Caracas. Además, los mercaderes y propietarios de naves caraqueños, preferían atender la demanda de México, por su proximidad, los menores riesgos de la navegación y por el pago en monedas de plata y oro que le permitían toda clase de negociaciones locales y con el comercio español o extranjero, fuese legítimo o irregular, pues esas remesas constituían la única masa de numerario que ingresaba a esta gobernación. Conforme a una certificación del movimiento de naves y su carga, correspondiente al período 1720 a 1730, en esos años partieron para Veracruz (México) 76 naves con un cargamento de 188.481 fanegas de cacao, en tanto que para Cádiz salieron sólo 9 navíos con 40.243 fanegas, de un total de 256.081 fanegas extraídas con destino a México, España y Canarias. Tras dilatadas negociaciones entre la Corona y los promotores de la compañía, las conversaciones sostenidas por Felipe de Aguirre, en su condición de comisionado por la provincia de Guipúzcoa, y el ministro José Patiño, culminaron con la expedición de la real cédula de 25 de septiembre de 1728, que otorgó a la Compañía Guipuzcoana el privilegio del comercio recíproco entre España y la provincia de Venezuela.
La revuelta de Juan Francisco de León en 1749, despertó cierta desconfianza hacia la compañía de parte de la Corona, no sólo por este hecho sino porque no le rendía cuenta de sus operaciones y desde 1741 había suspendido la entrega de dividendos, por lo cual los accionistas estaban descontentos. Se acusaba a los directores de hacer negocios personales. La Corona ordenó la convocatoria de una Junta General que se reunió en la Sala del Consulado de San Sebastián, dictándose un reglamento que estableció severas medidas sobre los llamados « gastos secretos», pues había la sospecha, expresada en el proyecto original de ese documento, acerca de «honorarios» que la compañía le daba al obispo y al gobernador de Caracas. Manuel de las Casas, representante de la Corona en el Consejo de la Compañía expresó: «Su Majestad no está ignorante de esto desde que durante siglos pasados ha visto que quienes van a América con un sueldo que apenas cubre sus necesidades, vuelven con dos, cuatro y ochocientos mil pesos fuertes. Esto es conocido y no le veo remedio».
La revuelta encabezada por Juan Francisco de León no fue sino una de las muchas manifestaciones de oposición de la provincia al monopolio de la compañía, aunque ciertamente la de mayores proporciones por el número de personas implicadas y por los resultados finales. A partir del establecimiento de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda en 1776, la compañía debió enfrentar la resistencia que le opuso el primer intendente, José de Abalos, quien al parecer trajo instrucciones para someterla a controles más rígidos y mermar sus privilegios. El Cabildo, por su parte, creció en osadía y reclamó mayor participación en los negocios locales.
Las dificultades del comercio foráneo hicieron necesaria la extensión a los mercaderes criollos de franquicias para el tráfico con los dominios extranjeros y para el ejercicio mercantil en áreas que habían sido exclusivas de la compañía; de hecho cesaron sus privilegios a partir de 1780, y finalmente sucumbió cuando por real cédula de 10 de marzo de 1785 se ordenó su disolución oficial. Los bienes de la Guipuzcoana pasaron a la Compañía de Filipinas, creada en esa misma oportunidad.

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